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Aprendiendo a convivir
| La mediación entre alumnos de instituto cumple cinco
años con buenos resultados |
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JOSEP M. HUERTAS CLAVERÍA - 29/03/2004
Cuando entran en la sala, suelen hacerlo vacilando, pero después se interesan
por la mediación. De verdad que el cambio que observas es fascinante.” Quien así
habla es Rubén, un mediador adolescente del instituto Lluís de Requesens, de
Molins de Rei.
La medación a la que se refiere es una fórmula instituida en una cincuentena de
institutos de Catalunya como manera de solventar los pequeños conflictos. Pere
Led, que ha sido hasta hace poco subdirector general de Formació Permanent i
Recursos Pedagògics, está al frente del programa de mediación. “Por pequeños
conflictos se entiende aquellos que provienen de disputas o insultos, como que
un chico llame a otro ‘moro de mierda’ o que dos chicas se peleen porque una de
ellas le haya intentado quitar el novio a la otra.”
La mediación consiste en que otras personas, generalmente dos, tercien para
intentar reconciliar a quienes se han peleado o insultado. Los mediadores pueden
ser compañeros de los implicados o un profesor y un alumno. En el primer caso se
denomina “mediación entre iguales”. Para que se lleve a cabo se han de dar
varios requisitos: que los interesados estén de acuerdo, confidencialidad de lo
que allí se trate, sinceridad y deseo de encontrar una solución.
Albert Grau es el director del instituto Miquel Tarradell, del barrio del Raval
(41 profesores, 380 alumnos, de los que el 80 por ciento son extranjeros), uno
de los pioneros de la idea. Cree que “el conflicto es consustancial a la vida de
un instituto”. Rubén, el muchacho mediador de Molins de Rei, coincide en esa
visión y añade que “quien acepta hacer de mediador se ha de poner en la piel de
quien ha sido la víctima”.
Los que se avienen a mediar son escogidos por sus propios compañeros, aunque
suele haber alguna corrección por parte de la dirección.
Pere Led se muestra satisfecho de los cinco años que lleva en marcha la
experiencia. “En la mayoría de los institutos donde se ha aplicado reconocen que
ha descendido el porcentaje de problemas de relación.” La mediación procede de
un programa sobre competencia social que consiste en procurar la mejora de las
relaciones humanas y en espolear las habilidades sociales, entendiendo por esta
expresión una mayor capacidad para tratar con la gente, algo fundamental en el
mundo adolescente.
Los mediadores no son dejados a la buena de Dios. Suelen participar en un
programa de formación por el que ya han pasado unos 400 alumnos y unos 200
profesores.
Estel, otra alumna del Lluís de Requesens, opina que al final “la mediación
resulta atractiva para los alumnos, porque elude los castigos y, en el caso de
nuestro instituto, porque todo se dirime entre nosotros, sin que participen los
adultos”. Es, evidentemente, el caso de la mediación entre iguales.
El procedimiento suele ser sencillo. Los mediadores escuchan primero a una de
las partes y después a la otra; en ambos casos se lleva a cabo por separado.
Luego se reúnen acusador y acusado en presencia de los mediadores, que se
limitan a moderar, porque la solución la han de hallar los propios interesados.
Cuando se llega a un acuerdo se redactan sus términos y se firma. Suele
incluirse una cláusula conforme si se reproduce el conflicto los que han
intentado arreglarlo serán los mismos que ya han llevado el caso.
Pere Led insiste en que “los mediadores no son ni jueces ni árbitros, se limitan
a propiciar un clima”. Albert Grau, el director del instituto Miquel Tarradell,
dictamina que “todavía habrían de procurarse más mediaciones de las que
actualmente se llevan a cabo, por eso muchas veces se propician desde el mismo
profesorado, pero, eso sí, siempre que los interesados estén conformes”.
http://www.lavanguardia.es/web/20040329/51153683126.html
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